Hoy quiero hablar de valores de marca. Y si hablamos de valores de marca, es imprescindible destacar los valores en el deporte. Las nuevas generaciones pueden aprender mucho del deporte. Los deportes de equipo son un gran aprendizaje de vida. Yo siempre aconsejo que los niños practiquen algún deporte desde bien pequeños. Se aprenden valores importantes, como el trabajo en equipo, la disciplina, el respeto hacia los propios compañeros, y también se aprende a respetar a los distintos rivales que se van encontrando semana tras semana.
¿Se está perdiendo la educación en valores? Si tengo que ser sincero, yo creo que sí.
¿Qué son exactamente los valores de marca?
Los valores de una empresa, son los principios fundamentales y las creencias que guían las acciones y el comportamiento de esa marca. Estos valores representan la identidad y la cultura de la marca, y ayudan a establecer su reputación y relación con los clientes, empleados y otras partes interesadas.
Cada empresa tiene unos valores distintos, aunque todos sabemos que muchas marcas lo único que hacen es copiarlos de la página web de su competencia. Hablemos claro; la mayoría de empresas ni siquiera piensan en sus valores. Según el manual del buen hacer, esos valores pueden incluir aspectos como: la integridad; la calidad; la innovación; la responsabilidad social y ambiental; la confianza; el servicio al cliente; la diversidad y la inclusión, entre muchos otros. Estos valores, son quizás, los que más se repiten a lo largo del planeta.
Los valores de una empresa deberían actuar como una especia de brújula. Una brújula interna que orienta a las personas y todas las decisiones que se toman en la organización. Los dos departamentos en los que más se habla de valores, son, por su relación directa o indirecta con clientes, marketing y ventas. Más marketing que ventas, normalmente.
Valores en el deporte.
Me encanta el fútbol. Jugué durante muchos años en varios equipos. Desde bien pequeño. Sigo jugando cuando puedo. Ahora mi hijo pequeño también practica este deporte y me encanta llevarle a los entrenamientos, seguir sus partidos y también la evolución de su equipo durante cada temporada. Evolución que hago extensible al resto de sus compañeros. El equipo de fútbol es casi como una gran familia.
En el contexto del deporte, los valores son principios fundamentales que guían el comportamiento y las acciones de los deportistas, entrenadores, árbitros y también de toda la afición. Los valores deportivos deben promover una cultura positiva y también deben fomentar el «fair play». En el deporte, igual que sucede con las empresas, también se suelen «copiar» los valores entre los equipos. Copiar y pegar no es suficiente, lo más importante, igual que sucede en las empresas, es que se haga por convicción. Por principios. No para quedar bien. Estos son algunos de los valores que puede enseñar el deporte:
Respeto:
El respeto es fundamental en la vida y en el deporte. Ese respeto debe proyectarse hacia los demás competidores, hacia los entrenadores, y por supuesto también hacia los árbitros. Destaco lo de los árbitros porque son el blanco de la ira de muchos aficionados al fútbol. Esta ira es especialmente preocupante en el fútbol base.
Fair play (juego limpio):
El fair play implica competir de manera justa y honesta, respetando las reglas y evitando cualquier forma de trampa. También hay que evitar cualquier comportamiento antideportivo. Los deportistas deben esforzarse por ganar, pero deben hacerlo siguiendo las normas. Aceptando que el equipo contrario también juega y puede hacerlo mejor. Tolerar y aceptar las derrotas es algo fundamental en cualquier deporte.
Espíritu deportivo:
El equipo contrario es el rival a batir. Pero que el contrario sea el rival a batir no significa que se deba perder el espíritu deportivo; promover la camaradería; fomentar la cooperación; y también el compañerismo entre los participantes. Los del propio equipo y también los del equipo contrario. Al contrario hay que felicitarlo cuando lo hace bien y debe ser un reflejo en el que mirarse cuando es mejor que nosotros.
Disciplina:
Acudir a los entrenamientos, seguir las directrices de los entrenadores y preparadores físicos, ayudar a recoger todo el material cuando termina el entrenamiento… son parte de la educación y de una disciplina sana. La disciplina es esencial en el deporte. Cuando juegas en un equipo asumes una serie de compromisos que hay que cumplir. Cuando hace frío o cuando el partido comienza muy pronto el fin de semana, no vale quedarse en la cama; por pereza, porque el deporte requiere de un compromiso con los compañeros y con el resto de equipos. También con el equipo arbitral.
Superación personal:
El deporte fomenta la superación personal y el desarrollo de habilidades. Los valores deportivos implican establecer metas desafiantes, esforzarse por mejorar constantemente y aprender de los éxitos y fracasos. Los deportes están cargados de pequeños fracasos. En el caso del fútbol, se trata de un deporte de fallos. Se necesita insistir y probar mucho, antes de marcar un gol.
Trabajo en equipo:
El trabajo en equipo es fundamental en muchos deportes. Los valores deportivos promueven la colaboración, la comunicación efectiva y el respeto mutuo dentro de los equipos, reconociendo que juntos se pueden alcanzar mejores resultados. Todos ganan y todos pierden. No vale culpar a alguien sistemáticamente; como al entrenador o al árbitro. Hay que asumir los propios errores. Los errores hay que afrontarlos como una aprendizaje colectivo. Un aprendizaje que ayudará a superar los obstáculos que se irán presentando semana tras semana.
Si nos trasladamos al mundo empresarial, todo lo que comento en este post también aplica. Todos los puntos destacados a lo largo del artículo, se pueden extrapolar directamente a las empresas y también al mundo de la venta:
- Respecto
- Juego limpio
- Espíritu deportivo (la competencia es el rival a batir)
- Disciplina
- Superación personal
- Trabajo en equipo
¿Qué ocurre si no educamos en valores deportivos?
Estas últimas semanas; antes de comenzar los encuentros en fútbol base, se ha hecho un minuto de silencio. La primera vez preguntamos qué había pasado. La respuesta fue que se hacía porque últimamente han crecido mucho los actos violentos en muchos campos de fútbol. Voy a ponerme serio. Cada semana vivimos actos deplorables protagonizados por padres que carecen de respeto, de educación y de valores.
Los niños asisten constantemente a actos deplorables y de una violencia cada vez mayor. Se está normalizando la violencia en el fútbol. No, señoras y señores; no es normal que se insulte a los árbitros de forma sistemática. No, señoras y señores, no es normal y tampoco es de recibo escuchar desde las gradas como se anima a los niños a; cito textualmente: «romper la rodilla a un contrario».
Buenos valores y un buen ejemplo para nuestros hijos.
La violencia que se respira en los campos de fútbol, donde juegan miles de niños todas las semanas, es enorme. Lo más preocupante es que parece que nos hayamos acostumbrado. No, no es normal. No, no es un buen ejemplo para nuestros hijos. El fin de semana pasado, el equipo de nuestro hijo jugó contra el que va en primer lugar. Fue un partidazo. El equipo rival está un paso por delante del nuestro. Aguantamos 1-1 hasta el último cuarto. En los últimos cinco minutos recibimos dos goles. Perdimos. Fuimos a felicitar al entrenador/equipo contrario. Mientras nos acercábamos pudimos ver el miedo en sus ojos.
Al comprobar que nuestra intención era la de felicitarles y desearles suerte para lo que queda de liga, cambiaron la cara. Su mirada fue de gran alivio. Reconocieron su miedo mientras nos acercábamos. Han vivido demasiados momentos tensos esta temporada. Nadie se les había acercado antes con la intención de felicitarles y desearles suerte. Más bien todo lo contrario.
Siempre hay esperanza. Debemos emplearnos con fuerza. Con la fuerza que requiere un aumento de la violencia. Una situación que en el mundo del fútbol se nos está yendo de las manos.
Nuestros hijos son los ciudadanos del futuro. Son las personas que deberán crear, compartir, promover y proyectar los valores en las empresas.
Albert Ramos Catalán lleva más de 25 años vendiendo y trabajando con equipos comerciales en empresas medianas y grandes.
Con el tiempo llegó a una conclusión clara: el problema casi nunca está en los vendedores, sino en cómo está pensada la venta dentro de la empresa. Demasiada improvisación, demasiada presión y muy poco sistema.
Por eso hoy trabaja con vendedores senior, directores comerciales y CEOs que quieren ordenar su modelo comercial y dejar de depender de héroes. No desde la teoría, sino desde la realidad del día a día.
Cree en las ventas cuando están bien pensadas, bien dirigidas y alineadas con marketing. De ahí nace su enfoque de ventas híbridas, un marco para convertir la venta en un sistema claro, humano y escalable.