¡NO quiero ser un vendedor estrella!


Los negocios evolucionan, no comunicamos igual y tampoco vendemos de la misma forma. Cuando comencé mi carrera profesional, ser un buen vendedor significaba facturar mucho y para ser un “vendedor estrella”, tenías que firmar más contratos que el resto.

Estos profesionales eran venerados dentro del departamento comercial, poniéndolos como ejemplo a los demás compañeros de la empresa, pero en los otros departamentos solían opinar lo contrario y no era de extrañar.

Firmar más contratos que nadie muy rápidamente, solía estar ligado a: exagerar las virtudes del producto, inflar el servicio post venta u obsequiar con descuentos imposibles. El resto de compañeros sufrían en primera persona esa mala gestión y debían subsanar todas las cuestiones derivadas de esos “deslices”.

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