No dudes y plantéalo, estás en tu derecho

 

Hace unos días, estuve recordando mis primeras entrevistas de trabajo. No solía hacer muchas preguntas y me limitaba a contestar sólo aquello que me preguntaban. Para ser más exacto, me limitaba a decir lo que quería escuchar la persona que estaba valorando mi candidatura.

Me habían enseñado, casi aleccionado, sobre aquellas cuestiones que bajo ningún concepto podían aparecer en una entrevista de trabajo, eran preguntas tabú y lo tenía bastante asumido. Un desliz podía ser fatal y si no estabas inspirado, tenías muchas posibilidades de que ese trabajo que tanto anhelabas, se lo “quedara” otro candidato. Con los años, me he dado cuenta de que muchas de esas cosas no sólo deben exponerse sino que es muy importante poder aclararlas durante el proceso y cuanto antes, mejor. De hecho, el futuro de esa relación profesional, puede depender de ello. Siempre pensé que no tenía ninguna gracia no poder ser tú mismo al 100%. Nunca comprendí por qué debías mentir u obviar cuestiones importantes (queda más suave), si lo llegabas a considerar necesario para conseguir el puesto.

¿Por qué no puedes ser sincero? ¿Por qué no puedes mostrarte tal y como eres durante la entrevista? No aclarar aspectos que para ti son de suma importancia, no es bueno para ninguna de las partes porque puede derivar en desmotivación y, en el peor de los casos, en frustración. Por poner un ejemplo: si para ti es muy importante poder llevar a tus hijos al colegio y tener un horario flexible de entrada, ¿por qué no decirlo? Si crees que lo más importante es ser efectivo en tu trabajo y no calentar el asiento, ¿por qué no decirlo? Estarás demostrando que tienes criterio y no tienes reparo a la hora de ser sincero, si en la empresa no quieren una persona con criterio, mejor saberlo antes y así os evitáis problemas futuros, ¿no crees?

Esto me lleva a preguntarme cuestiones cómo: ¿Qué tipo de sociedad hemos creado? ¿Una en la que es mejor no mostrar tus sentimientos e ir desmotivándote poco a poco en soledad? Dicho de otra forma: ¿Tener un equipo desmotivado y con miedo a expresar sus sentimientos, es bueno para una empresa? Siempre he pensado que si no soy capaz de defenderme a mí mismo, no podré hacerlo en nombre de ninguna organización.

 

A continuación, quiero enumerar tres beneficios de ser sincero y defender un buen acuerdo para tu carrera profesional.

 

1-     Ser sincero y mostrar que tienes criterio, mejorará tu imagen profesional.

Presentar tu candidatura para un puesto de trabajo, no deja de ser una negociación y cerrar el mejor acuerdo debe ser parte de tu objetivo. Es importante tener en cuenta que si queremos un proyecto duradero, ambas partes deben salir beneficiadas, por lo que debemos ser justos en aquello que “exijamos” o planteemos. La sinceridad y un cierto grado de asertividad pueden beneficiarte ya que, cuando comiences a trabajar en esa empresa, será importante aunar esfuerzos en un objetivo común. En este punto, es importante destacar que no debemos confundir sinceridad o asertividad con mala educación. Debemos saber en qué momento podemos formular algunas preguntas y si todavía no hemos avanzado lo suficiente en el proceso, tenerlas anotadas para que no se nos olviden. Por otro lado, es muy importante saber cómo debemos plantear dichas cuestiones, siempre con criterio y profesionalidad.

 

2-     Defender tus intereses profesionales, mejorará tu autoestima.

Si eres capaz de sentirte orgulloso por haber conseguido aquello que consideras justo, tu autoestima se verá recompensada. Una persona que se sienta motivada y valorada en su trabajo, será capaz de proyectar esa misma imagen cuando represente a la empresa. Esa motivación se proyectará en todas direcciones: proveedores, clientes, canal de distribución, colaboradores… Podemos decir, entonces, que crear el clima idóneo para que aumente la autoestima de todas las personas que integran la organización, repercutirá positivamente en los resultados de la misma.

 

3-     Conseguir un buen acuerdo profesional, mejorará tu economía.

Esta cuestión puede parecer un tanto frívola pero no es así. Que yo sepa, somos mayoría los que pagamos una hipoteca y muchos los que tenemos a otras personas que dependen económicamente de nosotros (hijos menores, familiares mayores a nuestro cargo…) y debemos ser responsables con ellas. Evidentemente me refiero a cuestiones coherentes y que entran dentro de la lógica, no hablo de mantener coches de lujo o casas que están fuera de nuestro alcance. ¿Tiene sentido trabajar para no poder afrontar todos esos gastos, que por otro lado, siguen aumentando año tras año? Si conseguimos que nuestra economía doméstica esté a salvo, estaremos enfocados en aquello que es importante para nuestro trabajo y para la empresa. Vivir con una cierta tranquilidad económica repercutirá positivamente en un buen desarrollo profesional.

Para que esto pueda llevarse cabo con cierta normalidad es muy importante tener empatía (ambas partes, claro). Es muy probable que la persona que se encuentra frente a nosotros, tenga las mismas necesidades o inquietudes que tú, siendo honestos y comprensivos, podremos cerrar un trato justo y coherente para ambas.

Estas cuestiones son importantes y pueden influir de forma directa en el éxito de un proyecto común entre trabajador y empresa. Ahora viene la parte más difícil, poder decir que no. En este caso las circunstancias particulares son muy importantes y muchas veces la economía personal nos avoca a obviar lo que nos dice el corazón y escuchar a nuestra cabeza, es triste pero no podemos juzgarlo. Si ves con total claridad que no es lo que estás buscando, aunque sepas cómo capear el temporal y seas la persona escogida, lo ideal sería retirarte del proceso pero insisto, esto sería lo ideal y decirlo es muy fácil.

Para finalizar, me gustaría destacar que debemos tener criterio propio por encima de todo. En muchas ocasiones nos toca enfrentamos a cuestiones que no nos convencen o no entendemos. Si no estamos de acuerdo con “lo establecido” como norma tácita, debemos tener la fuerza necesaria para abrir el debate y, por qué no, plantear un cambio.

Y tú, ¿te atreves a afrontar con criterio un nuevo proyecto profesional?

Foto: Thomas Leuthard

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6 pensamientos en “No dudes y plantéalo, estás en tu derecho

  1. Hola Alberto, considero que solo alguien que haya vencido el complejo de “ajustarse a lo que los demás quieren”, tomaría el valor de presentarse a una entrevista tal cual (obviamente haciendo uso de su asertividad para expresar el propio criterio). Vencer este complejo no es tan fácil…. pero este tipo de lecturas invitan a la reflexión de nuestras actitudes hacia uno mismo y hacia los demás.

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    • Hola, no es fácil pero con los años me he dado cuenta de que a nadie le interesa perder el tiempo. Además, uno de los factores que más influyen en el fracaso de un puesto de trabajo (según mi experiencia) es decir que sí a todo para conseguirlo. Pasado un tiempo y después de “la euforia” inicial por tener ese puesto, comienzan los arrepentimientos y las lamentaciones. Es importante no confundir entre no mostrarte como eres y llegar a mentir para conseguirlo, no tiene nada que ver… Gracias por valorar y comentar y un saludo!

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