No me cuentes historias de duendes #TodoEsBranding

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UNA HISTORIA VERDADERA

Hoy quiero hablar de un caso real, en una empresa real. Aquella mañana, el director comercial entró con una gran noticia: ¡HAREMOS UN ESPECIAL, A MODO DE MONOGRÁFICO, HABLANDO DE SARTENES!. Todos nos quedamos con la boca abierta, ¿había perdido el juicio?, nadie se atrevió a decir nada…

Nos pidió, bueno pidió, más bien nos ordenó que visitáramos a todos los clientes y vendiéramos el especial por delante de cualquier otro producto. No aceptaría excusas porque se había comprometido con la dirección europea de la compañía. Yo pensé: ¿y quién eres tú para comprometerte en nuestro nombre y sin preguntar?

MANOS A LA OBRA

Las veinte personas que formábamos parte del departamento comercial, nos pusimos a trabajar de inmediato. Comenzamos a visitar a clientes reales, potenciales, agencias. Una semana más tarde hicimos una reunión para comprobar cómo marchaba el “gran proyecto”. Cuando le trasladamos a esta persona que nadie estaba interesado en el especial, montó en cólera y nos llamó poco menos que inútiles. Evidentemente el problema éramos nosotros, su idea era brillante, no olvidemos que en su tarjeta ponía director.

No contento con tener a todo un departamento a su disposición y, teniendo en cuenta que habíamos perdido una semana, también puso a trabajar a todas las personas de telemarketing, diez más. Toda la fuerza de ventas de la compañía, treinta personas, estaba al servicio de su “antojo” y todavía quedaban dos semanas largas para el especial, ahora ya nada podía fallar.

¿QUÉ RESPONDÍAN LOS CLIENTES POTENCIALES?

No era una cuestión de cantidad, cuando se sumaron diez personas más a aquel despropósito, la cosa no mejoró. Ni cliente directo ni agencia, encontraban la forma de que encajara aquel monográfico en su estrategia y su negativa fue tajante. Cada día que pasaba, aquel director se enojaba más y nos trataba con más despotismo. Estaba plenamente convencido de que éramos unos inútiles y si hubiera podido, habría cambiado a todas las personas del departamento en una sola tarde.

¿Cambiar?, ¿he dicho cambiar?, ¡claro!. Tenía la solución delante de sus narices y no la había visto. Si cambiaba la ubicación de los anunciantes, su puesto estaría a salvo, porque de cara al “exterior” su propósito habría sido un éxito. Entonces se dedicó a cambiar la ubicación de los anuncios en las facturas, ¡genial!.

TODO TERMINÓ ESTUPENDAMENTE

Debo decir que no, como era algo que no se podía decir muy alto, no se acordó de avisar al departamento de tráfico,que no sabía nada, y: ¿dónde ubicaron la mayoría de los anuncios?, sí, en el monográfico. Os podéis imaginar lo contentos que se pusieron los clientes, fue un no parar de felicitaciones, aplausos. Vamos, que estuvimos casi dos semanas pidiendo disculpas y regalando anuncios para salvar los muebles.

¿CUÁL FUE EL BALANCE FINAL?

Resumiendo: durante casi un mes, toda la fuerza de ventas de la compañía estuvo intentando vender algo que no interesaba a nadie, excepto a una persona: el director. Todos los anuncios se ubicaron donde no debían y, después de la acción, tooooda la fuerza de ventas de la compañía, estuvo apagando fuegos e intentando salvar a cuantos más clientes mejor. ¡UN AUTÉNTICO DESASTRE!

Por no hablar del tiempo perdido, que no invertido, de tantas personas. De hecho, lo que se dejó de ingresar es incalculable. La venta es un proceso de tiempo: primero identificas a posibles compradores, trazas una estrategia, intentas descubrir a la persona de contacto, llamas para concertar una visita, haces la visita (si no te cambian el día), te piden una propuesta, la preparas y vuelves a quedar para presentarla, después necesitan un tiempo para madurar, intentas contactar varias veces para cerrar la venta… Y todo esto deberíamos multiplicarlo por treinta personas. ¿Alguien se atreve a calcular lo que se dejó de ingresar?, yo no.

¿QUE APRENDÍ DE TODO ESTO?

– Ser director no te otorga la verdad absoluta

– Ser director no te concede la potestad para utilizar a las personas subordinadas a tu antojo.

– Si quieres que un producto sea exitoso, primero investiga lo que interesa a tu público objetivo y adáptalo para que funcione.

– Si te equivocas, ten la decencia de admitirlo y así tu equipo te respetará más.

– Si haces caso a tus compañeros, sí, he dicho bien, el director también tiene compañeros, podrás brillar más en tu puesto.

– Si te muestras educado y aceptas que existen personas muy preparadas que pueden ayudarte, no estás mostrando debilidad.

– Si te das cuenta de que trabajas con personas tan o más preparadas que tú, deberías estar contento…

Para terminar, me gustaría comentar que: antes de diseñar una campaña de comunicación quizás deberíamos diseñar una nueva empresa. Si comunicamos algo que no es cierto, se sabrá.

Y tú, ¿crees que deberíamos cambiar algunas cosas antes de pasar a comunicar?

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2 pensamientos en “No me cuentes historias de duendes #TodoEsBranding

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