No soy tu enemigo

No soy tu enemigo

Os quiero explicar la historia de Julio, una persona entusiasta, activa, emprendedora… como muchas de las personas que conozco.

Julio tuvo la suerte de encontrar un trabajo interesante, donde estaba claro que debía triunfar. En las entrevistas ya le comentaron que tenían un plan de carrera para todas las personas de la organización porque aquí, hablaban de personas, no de trabajadores.

Julio tenía la suerte de comenzar a trabajar en una empresa que valoraba por encima de todo su capital humano. La primera semana todo fue un camino de rosas, le presentaron a todos sus compañeros y le indicaron cuál sería su lugar de trabajo, tuvo suerte, estaba justo al lado de una ventana con unas vistas espectaculares de la ciudad.

Cuando Julio quiso saber cuándo comenzaría su formación, le indicaron que no se preocupara que le asignarían a una persona que le asesoraría en la forma de trabajar y que le presentaría a unos cuantos clientes para que se fuera familiarizando con las presentaciones y el funcionamiento interno.

Pero pasadas las 2 primeras semanas todo cambió, Julio comenzó a sentirse observado y juzgado y tuvo que salir a vender sin la formación y los medios necesarios. Transcurrido el primer mes, preguntó que cuándo se realizaría aquella formación y la respuesta ya no fue tan amigable. Hacía 4 ó 5 días que había comenzado a sentir que dudaban de él y que se preguntaban si aguantaría la presión, si realmente tenía tolerancia a la frustración, si sería capaz de llegar al objetivo marcado…

No hubo comunicación ni empatía y 2 meses más tarde, Julio estaba de nuevo buscando trabajo sin saber realmente por qué le habían llegado a considerar casi “un enemigo”.

En muchas ocasiones sucede lo mismo con los clientes y la empresa que no cuida, escucha, comprende y participa con sus clientes, es probable que sufra más de lo que debiera.

Para llegar a entender las necesidades de tus clientes, primero debes entender que trabajas con personas y que necesitan sentirse valoradas y escuchadas. La realización personal en el trabajo no depende únicamente del sueldo, como muchos piensan todavía.

Para que un proyecto profesional tenga continuidad y sea exitoso, debemos confiar en las personas (recuerda que los clientes lo son). Entender sus necesidades y respetarlos es básico y de esa forma podremos proyectar una imagen mucho más profesional.

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